"La Especiería fue una empresa anhelada y sostenida durante muchos años por la Corona de Castilla"

El 10 de agosto de 1519 partieron del puerto de Sevilla las naos Santiago, Victoria, San Antonio, Concepción y Trinidad, con un único objetivo: llegar a las Islas Molucas, donde radicaba uno de los mercados más lucrativos de la época, el de las especias. Era una empresa encargada directamente por la Corona Española. Sólo uno de esos barcos, la Nao Victoria, regresó el 8 de septiembre de 1522 después de haber dado la primera vuelta al mundo.

Aquella travesía, iniciada por Magallanes y culminada por Elcano, se convirtió en un verdadero hito. El mundo no volvió a ser el mismo después de esta expedición. Doscientos treinta y nueve hombres y cinco naos partieron de Sevilla en 1519 en busca de una ruta por el oeste hacia la Especiería. Tres años después, regresaron dieciocho hombres y una nao, después de haber dado la vuelta al mundo.

Por todo ello, la Academia de San Romualdo ha querido enmarcar el acto del martes 21 de enero como recordatorio y homenaje que la institución académica le dedica al V centenario de la circunvalación a la tierra, y para ello ha contado con la presencia de D. Juan Gil Fernández, catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla y miembro de la Real Academia Española, cuya conferencia llevó por título ‘Las Armadas a la Especiería’.

Como bien destacó la académica y doctora en Filología Clásica Dª María Elena Martínez Rodríguez de Lema, la figura de Gil Fernández es enormemente destacada a la hora de tratar este tema. La presentadora –que tuvo como profesor y director de su tesis doctoral al conferenciante- hizo además una semblanza del disertador destacando su prolongado currículum, el hecho de ser “un auténtico experto en Cristóbal Colón” y sus investigaciones sobre los personajes de Magallanes y Elcano.

D. Juan Gil citó su intervención un compendio de figuras influyentes como Cristóbal Colón o Fernando de Magallanes, navegante y marino portugués y en la gesta expansiva española. Como introducción, hizo una semblanza de las pretensiones del momento tanto de la monarquía lusa como española, “donde a Fernando el Católico le interesaba más los asuntos del Mediterráneo, muy especialmente sus derechos sobre el Reino de Nápoles”.

Las expediciones de ambos reinos para llegar a Oriente según sus estrategias dio pie al conferenciante a hablar del cuarto viaje de Colón en 1503, cuando bordeando la costa de Panamá, buscó un estrecho que le llevara a las Indias; a la importancia de Catigara “como el lugar más occidental que reflejó Ptolomeo en sus mapas” y los errores cometidos por Colón al respecto y las posteriores expediciones afanadas en hallar las islas ricas en especias que siglos atrás habían referido Marco Polo o posteriormente Niccolò Da Conti.

El conferenciante reseñó lo acontecido alrededor de la primera Armada de la Especiería -como así fue llamada ya desde 1505- bajo el mando conjunto de Amerigo Vespucio y Vicente Yáñez Pinzón, una expedición para encontrar el paso por occidente a las islas que quedó truncada antes de partir debido a los acontecimientos políticos sobrevenidos, como la muerte de Felipe el Hermoso o la regencia de Fernando el Católico.

Los nombres de Juan Díaz de Solís que sí emprendió el viaje con Pinzón, don Manuel rey de Portugal, Vasco Núñez de Balboa –que avista en septiembre de 1513 por vez primera el océano occidental que llamó Mar del Sur, provocando una revolución cartográfica- son algunos de los aspectos tratados por el conferenciante, que realizó un paralelismo sobre las actuaciones de España y Portugal durante las décadas siguientes y la llegada a las islas donde primaba la especiería.

D. Juan Gil afirmó en sus conclusiones que “dos navegantes despechados con el Rey de Portugal acudieron a la Corte española para proponer sendos viajes que cambiaron el rumbo de la historia. En 1486, un genovés, Cristóbal Colón, llegó a la Corte castellana dispuesto a descubrir el oriente por el poniente. Y el 20 de octubre de 1517, un portugués, Magallanes, puso pie por primera vez en Sevilla, capital del comercio con las Indias, proponiendo navegar siempre hacia el oeste. Destinos parecidos, ennoblecidos, castellanizados, con honores y permaneciendo en España. ¿Fueron dos ocasiones perdidas para Portugal por los exabruptos de dos monarcas, Juan II y Manuel I? No lo creo. Pienso que, en el caso de Magallanes al menos, la casualidad no tuvo nada que ver con la empresa de la Especiería, una empresa anhelada por la Corona de Castilla durante mucho tiempo y sostenida con tesón”.

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