Ya se encuentra disponible, en el canal oficial de la Academia en la plataforma YouTube, el vídeo del solemne acto de apertura del curso académico 2026-2027 que tuvo lugar el pasado martes 20 de octubre, en el que D. Pedro Álvarez de Miranda, académico de número de la Real Academia Española, pronunció la conferencia titulada «Tercer centenario de una proeza inigualada: el Diccionario de Autoridades (1726-1739)». El vídeo puede visionarse pulsando en la ventana que continúa a este texto, acompañado también de una galería fotográfica, así como la crónica resumen del acto tras las imágenes.






































La Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes ha dado inicio al curso 2026-2027 con un solemne acto celebrado el martes 20 de octubre en el auditorio del Centro de Congresos Cortes de la Real Isla de León, en el que prácticamente se desarrollarán la mayoría de los actos que conformarán un nutrido programa de citas culturales que comprenderán las disciplinas que abarca la institución académica: las ciencias, las letras y las artes.
Con la presencia de numerosos representantes del mundo académico y de las instituciones civiles y militares de la ciudad, la alcaldesa de la ciudad de San Fernando, Dña. Patricia Cavada, inauguró con solemnidad el curso en nombre de su Majestad el Rey D. Felipe VI acompañada del presidente de la Academia de San Romualdo, D. Juan Manuel García Cubillana de la Cruz, recientemente investido en el cargo que ocupará hasta 2028 junto con los miembros de la Junta de Gobierno de la institución, que el público asistente pudo conocer a través de unas imágenes proyectadas al inicio del acto en la que apareció una fotografía grupal de la citada junta con sus respectivos nombres, así como el programa que se desarrollará hasta junio de 2027.
Quiso el nuevo presidente precisamente dirigirse a las personas asistentes a modo de primeras palabras públicas de su persona como máximo representante de la entidad, afirmando que las iniciativas académicas previstas para los próximos meses conforman una cita «fiel con el compromiso de la Academia con la sociedad isleña y con el Ayuntamiento de San Fernando. Se consolida un programa de actos equilibrado y estructurado a través de conferencias, mesas redondas, conciertos y obras de teatro que se extenderá hasta el 15 de junio», expuso.
Tras destacar algunas de las citas más destacadas del curso, agradecer el apoyo de instituciones, entidades y particulares para poder llevar a cabo el programa con especial énfasis al Ayuntamiento de la ciudad personificado en la primera edil y recordar que todos los actos estarán reflejados en la web oficial de la Academia y podrán ser visionados en el canal de la plataforma YouTube, el Sr. García Cubillana de la Cruz afirmó que la vocación de la Academia con este nuevo curso se encardina en «la generación del conocimiento y en la difusión de la cultura en un espacio de libertad, tolerancia y respeto, tal como está acreditado con la trayectoria de la institución».
Para comenzar un nuevo curso con una treintena de citas programadas, la Academia ha contado con la presencia de toda una institución cultural: el académico de número de la Real Academia Española y catedrático emérito D. Pedro Álvarez de Miranda, que pronunció la conferencia titulada «En el tercer centenario de una proeza inigualada: el Diccionario de Autoridades (1726-1739)». Previamente, la señora secretaria general de la Academia, Dña. Adelaida Bordés Benítez, dio lectura al acta por el que la Junta de Gobierno decidió la designación de esta personalidad para inaugurar el curso recién comenzado, procediéndose a continuación a la intervención de la presentadora del conferenciante, la académica de número Dña. María Elena Martínez Rodríguez de Lema, doctora en Filología Clásica.
«El arquitecto de la obra normativa que unifica nuestro idioma moderno»
La Sra. Martínez Rodríguez de Lema explicó que este año se conmemora el tercer centenario de la publicación del Diccionario de Autoridades (1726-1739), vinculando este hito directamente con San Fernando. Recordó que en febrero de 1729, el rey Felipe V —durante su estancia en la isla para reponerse «de sus melancolías»— recibió precisamente el segundo tomo de esta obra monumental, y que la ciudad custodia un ejemplar original en la Biblioteca Lobo que durante la mañana de la jornada del martes contemplaron junto al conferenciante en una visita efectuada al Palacio Consistorial de la ciudad. Al repasar la semblanza académica de D. Pedro Álvarez de Miranda, destacó su paso por la institución madrileña y su magisterio, indicando que «se forjó bajo la tutela de colosos como don Rafael Lapesa y don Manuel Seco, nada más y nada menos. Dedicó 13 intensos años de su vida al legendario Seminario de Lexicografía de la RAE. Estamos, por tanto, ante el arquitecto de la obra normativa que unifica nuestro idioma moderno, redactado con la última normativa ortográfica de la RAE de 2010».
Para culminar su intervención y dar paso a la conferencia, la Sra. Martínez Rodríguez de Lema unió el patrimonio bibliográfico visitado horas antes con la tradición retórica universal mediante una célebre máxima histórica: «Ante esos anaqueles sagrados donde conviven en perfecta armonía la elocuencia de la palabra hablada y la eternidad del saber impreso, resuena con fuerza aquel célebre pensamiento que compartían maestros de la retórica clásica como Cicerón y Quintiliano: Vox animi interpres, littera mentis custos (La palabra hablada es la intérprete de nuestra alma y la letra escrita es su custodia eterna). Disfrutemos pues del rigor de la erudición y de la elocuencia de un maestro de las palabras».
Recorrido por las razones e historia del Diccionario de Autoridades en seis apartados
Tras el protocolario gesto del presidente de la Academia de cesión de la palabra, el conferenciante escogido para inaugurar el curso académico —agradecido enormemente a su presentadora por sus elogiosas palabras— dio comienzo a una disertación que se podría dividir en seis epígrafes con el siguiente orden: : la gesta cronológica del Diccionario de Autoridades, la regulación de la ortografía y la unidad del idioma, las etapas de la lexicografía y el sentimiento de «sonrojo», metodología filológica: el Corpus y el valor de las autoridades, Contradicciones entre teoría y práctica: el triunfo de lo descriptivo y las erratas, «palabras fantasma» y la edición reducida de 1780.
De esta manera y comenzando con la cronología, D. Pedro Álvarez de Miranda rememoró los orígenes de la corporación fundada en 1713 bajo el impulso del Marqués de Villena, destacando la dimensión colosal de haber redactado y publicado en apenas trece años (entre 1726 y 1739) los seis volúmenes que conformaron el Diccionario de Autoridades. El conferenciante se apoyó en la proyección de imágenes a lo largo de toda su disertación. Para ilustrar el contraste entre los proyectos lexicográficos europeos, Álvarez de Miranda recordó el sentimiento de superación que movió a los primeros académicos frente a las potencias vecinas. El ponente enfatizó que tardar solo 13 años en concebir, redactar e imprimir un diccionario de tal magnitud era «poquísimo» y rozaba lo milagroso, sobre todo teniendo en cuenta los numerosos proyectos lexicográficos europeos que históricamente se quedaron inconclusos a mitad de camino. Asimismo, aclaró que la denominación Diccionario de Autoridades no figura en las portadas originales del siglo XVIII, sino que es un título conferido con posterioridad para distinguirlo de las ediciones reducidas posteriores en un solo volumen.
Respecto a la regulación ortográfica, el orador inscribió el diccionario dentro de los tres grandes pilares normativos de la RAE desde el siglo XVIII: diccionario, ortografía y gramática. Subrayó que el primer discurso o ensayo sobre la ortografía apareció «escondido» al inicio del primer tomo del propio Diccionario de Autoridades en 1726, antes de que se publicara el tratado exento de 1741. Resaltó la evolución racionalizadora de las letras hispánicas (como la supresión de la cedilla o la eliminación en 1815 de la x con valor de j, la y o las grafías de prosapia clásica como ph), ponderando el milagro de la unidad ortográfica frente a otros idiomas: «La labor de unificar y de regular, normativizar la ortografía es un adelanto fundamental de la Academia (…) y es casi milagroso que todos los países hispánicos tengamos la misma ortografía. Esto es un pilar fundamental de la unidad lingüística». Así mismo, aprovechó para apostillar con un comentario en el ámbito educativo: «Cuando los alumnos se quejan de la ortografía española, creo que hay que decirles: ‘No sabéis la suerte que tenéis’. Comparadla con la ortografía francesa o con la ortografía inglesa; la ortografía española es transparente, sencilla, racional y única».
Al abordar la alternancia histórica entre los términos castellano y español, abogó por la desdramatización, recordando que en la portada de 1815 se leía «Ortografía de la lengua castellana compuesta por la Real Academia Española». Sobre el caso particular de la grafía de México, recordó que la reforma de 1815 abolió la x con sonido de j, pero que en ese caso se respeta como concesión a la identidad nacional mexicana.
El sentimiento de «sonrojo»
El conferenciante dividió la historia lexicográfica del español en tres grandes bloques: preacadémica, académica y extraacadémica. Celebró la precedencia histórica de España en diccionarios bilingües (el de Antonio de Nebrija en 1494 —que incluye ya por primera vez la voz antillana canoa como «nave de un madero»—) y monolingües (el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias en 1611, antecediendo en un año al diccionario de la Crusca italiana).
Sin embargo, expuso el motivo que espoleó a los fundadores de la RAE a iniciar el trabajo en 1713, citando el célebre pasaje del prólogo original: «Los franceses, italianos, ingleses y portugueses han enriquecido sus patrias e idiomas con perfectísimos diccionarios. Y nosotros hemos vivido con la gloria de ser los primeros y con el sonrojo de no ser los mejores. Esa palabra, sonrojo, es fundamental. Se dan cuenta de que España se ha quedado atrás en materia lexicográfica».
Detuvo su atención en la figura del fundador y primer director, Juan Manuel Fernández Pacheco (Marqués de Villena), quien reservó para sí la letra A mayúscula, muriendo en 1725 poco antes de ver impreso el primer tomo. Su hijo y sucesor, Mercurio López Pacheco (segundo director y ocupante de la Silla Q que hoy ostenta el propio Álvarez de Miranda), dirigió la institución durante la publicación de los cinco primeros tomos.
El Quijote impera en el Diccionario de Autoridades
Álvarez de Miranda destacó las fuentes de las que se nutrieron los académicos. Al analizar la representatividad de los autores citados, aportó cifras estadísticas: El Quijote (Cervantes): La obra indiscutiblemente más citada de todo el diccionario, con 2.403 citas registradas. Otras fuentes destacadas fueron Las poesías de Quevedo (1.555 citas), la Nueva Recopilación de las Leyes del Reino, el Dioscórides de Andrés Laguna, las Empresas políticas de Saavedra Fajardo, la Historia de la Nueva España de Antonio de Solís y la Historia de España del padre Mariana.
Respecto a las contradicciones entre teoría y práctica: el triunfo de lo descriptivo, en este apartado se refirió a que lo que la Real Academia decía que iba a hacer (la teoría) que era muy diferente a lo que hizo en la práctica. Aunque en los prólogos de los libros los académicos presumían de ser muy estrictos, puristas y de rechazar las palabras nuevas o extranjeras, a la hora de la verdad hicieron todo lo contrario porque querían que el diccionario reflejara cómo hablaba realmente la gente. Esto se ve claramente en varios detalles, como el uso de documentos sencillos: En lugar de limitarse a citar libros de gran literatura, como El Quijote, buscaron palabras en documentos tan humildes como una lista oficial de precios y alquileres de 1680 (la Pragmática de Tasas). Cazaron así mismo palabras de la calle: como no encontraban libros antiguos con expresiones populares, incluyeron modismos, frases hechas y palabras de la calle (como fililí, pamplina o decir que hace «un valiente frío»). Se quejaban, pero las metían: criticaban palabras modernas o procedentes del francés e italiano diciendo que no hacían ninguna falta (como petimetre o felicitar), pero al final las terminaban poniendo en el diccionario porque su verdadero objetivo era capturar una fotografía completa y real de cómo hablaba la sociedad de su época. Todos estos ejemplos citados por el conferenciante fueron mostrados en imágenes en pantalla captadas de los textos originales del Diccionario de Autoridades.
Finalmente, Álvarez de Miranda expuso curiosidades histórico-filológicas sobre los sesgos y erratas transmitidos por el diccionario, como el adjetivo imprestable o la palabra fantasma «amarrazón». Como broche de oro a su lección, el conferenciante leyó un pasaje de la obra Teatro Crítico Universal del padre Jerónimo Feijoo, publicada también en aquel año seminal de 1726: «Pensar que ya la lengua castellana u otra alguna del mundo tiene toda la extensión posible o necesaria solo cabe en quien ignora que es inmensa la amplitud de las ideas para cuya expresión se requieren distintas voces».
Agradecimiento institucional de la alcaldesa
La alcaldesa de San Fernando, Dña. Patricia Cavada, clausuró el acto tras la cerrada ovación del público presente premiando así la conferencia del académico invitado. La regidora felicitó calurosamente a la institución y a su Junta de Gobierno por la planificación de un programa cultural tan riguroso, delicado y de primer orden que vertebra y enriquece la vida social e intelectual de la ciudad. Compartió con los asistentes la emoción vivida esa misma mañana durante la visita institucional a los fondos antiguos de la Biblioteca Lobo junto al profesor Álvarez de Miranda, destacando cómo la mirada experta de la RAE engrandece y da aún más lustre a los tesoros bibliográficos que custodia el municipio, y dirigió unas palabras de profundo reconocimiento a D. Pedro Álvarez de Miranda, a quien definió como un auténtico «maestro de las palabras», alabando no solo su desorbitado conocimiento académico, sino la enorme pasión con la que contagió al público el amor por la lengua y la curiosidad por el origen del léxico. Cerró su alocución subrayando el orgullo de que San Fernando cuente con una academia tan prestigiosa y activa, procediendo formalmente —tras pedir al público que se pusiera en pie— a declarar inaugurado el curso académico 2026-2027 en nombre de S.M. el Rey como indicamos al inicio de este texto, culminando el solemne acto con la audición del Himno de la Academia de San Romualdo.
