D. Manuel Barrios Casares, en su toma de posesión como académico correspondiente: «La filosofía nació mirando al mar»

«La filosofía no nació en una introspección cerrada del alma, a solas consigo misma, ni del genio de una raza aislada del resto: nació mirando al mar». La frase bien podría atribuírsele a un destacado rapsoda clásico o un poeta contemporáneo, pero nada más lejos de la realidad. Pertenece a D. Manuel Barrios Casares y la pronunció como parte del discurso de ingreso en la Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes que el reconocido filósofo, profesor universitario y traductor ofreció el martes 26 de mayo de 2026, fecha en la que se celebró la solemne sesión académica en la que se formalizó la pertenencia de Barrios Casares a la Academia en la condición de académico correspondiente en Sevilla, ciudad donde reside una de las figuras del panorama intelectual español más afamadas en ámbitos como el estudio de la figura y la obra del filósofo alemán Friedrich Nietzsche.

Hijo del novelista y periodista isleño Manuel Barrios Gutiérrez (San Fernando, 1924-Sevilla, 2012), quien fuera también académico de San Romualdo, D. Manuel Barrios ofreció su discurso titulado «La filosofía y el mar. Una reflexión sobre origen y fin de la disciplina». Un atinado nombre para un ejercicio de (sólida) justificación a la hora de relacionar el pensamiento y el mar como elemento consustancial para la vida y el desarrollo del ser humano. Justificaciones globales a las que se unen las personales del nuevo académico a la hora de entramar la filosofía y el mar, como el mismo orador explicó desde sus orígenes («vengo de una estirpe marinera que recaló en la Bahía de Cádiz (…) mi hijo, una de mis mayores felicidades, en la Infantería de Marina (…) Ya no puedo quitarme la sal de esa querencia ni de mis ideas, ni de mis pensamientos, ni de mis sentimientos», confesó emocionado.

Un filósofo «con mayúsculas»

Previamente a todo ello, la doctora en Filología Clásica y académica Dña. María Elena Martínez Rodríguez de Lema tuvo a su cargo la presentación o laudatio del nuevo académico. Comenzó destacando las virtudes personales del nuevo académico, subrayando su sencillez, disponibilidad y extraordinarias dotes de conversador. Asimismo, puso de relieve el profundo vínculo sentimental que une a D. Manuel Barrios con la ciudad de San Fernando, una tierra ligada a sus recuerdos familiares más íntimos y a la figura de su progenitor. La presentadora rememoró la estrecha colaboración mantenida con el profesor Barrios Casares en iniciativas culturales recientes de la institución, tales como la magnífica conferencia impartida con motivo del centenario del nacimiento de su padre —del que es el más ferviente divulgador y experto de su obra—, su activa participación como jurado en la quincuagésima edición del prestigioso Premio Internacional de Cuento Puente Zuazo o su asidua asistencia a las jornadas y conferencias organizadas por la corporación.

En la dimensión estrictamente profesional, la Dra. Martínez Rodríguez de Lema glosó la «apabullante» y excelente trayectoria de Barrios Casares como un filósofo «con mayúsculas», cuya dedicación académica se ha centrado en la herramienta más genuinamente humana: la capacidad de pensar. Una labor que, según advirtió la académica, cobra especial vigencia en una sociedad contemporánea amenazada por el automatismo derivado de la inteligencia artificial, sobre la que reflexionó en alguna de sus frases.

Ya en su trayectoria curricular, Dña María Elena Martínez Rodríguez de Lema reseñó, entre otras excelencias, que D. Manuel Barrios está considerado como el más importante especialista español en la figura de Friedrich Nietzsche, es autor de numerosos artículos especializados y colaborador en una treintena de volúmenes colectivos internacionales, ha realizado una encomiable labor de traducción y anotación de obras clave de autores como Platón, Nietzsche y Hugo Ball o resaltó su dilatada experiencia en la gestión e institucionalidad académica, habiendo ejercido de forma notable como decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla durante ocho años (2009-2017).

Frente a la saturación informativa actual y los cuestionables hábitos que ofrecen las nuevas tecnologías mal empleadas, la académica reivindicó la filosofía no como un lujo intelectual, sino como un «manual de instrucciones» y una «herramienta de supervivencia cognitiva».

El discurso o «un protréptico que invita al pensamiento»

D. Manuel Barrios Casares tomó la palabra cedida por el presidente de la Academia para articular su discurso, concebido como él mismo lo calificó como un protréptico, un discurso de invitación al ejercicio vivo del pensamiento y de la filosofía como así se le calificaba a este género literario en la antigua Grecia.

Barrios Casares construyó una sólida argumentación objetiva para demostrar cómo la filosofía, lejos de ser un constructo puramente terrestre o una introspección aislada del alma, estuvo ligada desde su génesis al elemento líquido. El núcleo de su tesis se estructuró a través de un viaje cronológico y conceptual que desarmó algunos de los mitos más asentados de la historiografía oficial. Frente a la idea artificiosa de que la filosofía nació ya adulta en Atenas «como Atenea de la cabeza de Zeus», el conferenciante recordó que «la filosofía nació mirando al mar». No surgió en la metrópolis, sino en las colonias de la península de Anatolia, concretamente en Mileto, un nexo comercial abierto al intercambio de mercancías, mapas, saberes y relatos de marinos.

Fue allí donde Tales de Mileto inauguró la disciplina al afirmar que el agua es el principio de todas las cosas. Barrios explicó que el imponente espectáculo de la inmensidad marina desde la costa jónica despertó la admiración filosófica. Para los primeros pensadores, el mar representaba una dualidad cosmogónica: el caos fluido original capaz de devorarlo todo, pero también la potencia fertilizadora y regeneradora. Los jonios entendieron que lo positivo y lo negativo, el cambio y la permanencia, se daban en un mismo plano. Es lo que Nietzsche denominaría la «visión trágica» del mundo.

El discurso dio un giro al señalar cómo el platonismo escolar rompió esa horizontalidad originaria. Platón congeló el fluir de las cosas y dividió la realidad en dos: un mundo verdadero de formas inmutables y un mundo aparente de realidades mudables. Barrios Casares detalló cómo el filósofo ateniense, temeroso del cambio y de la mezcla democrática, adoptó una visión negativa del mar, heredada de Hesíodo, viéndolo como un espacio tramposo, hostil e inseguro del que convenía apartarse

Esta condena metafísica de la fluidez impregnó el imaginario occidental durante siglos. De la «nave del Estado» platónica se pasó a la iconografía cristiana, que identificaba el mar encrespado con las tentaciones y a Cristo con el piloto que conduce la nave a un puerto definitivo donde, como profetiza el Apocalipsis y recordó el conferenciante, «al final ya no habrá mar».

Avanzando hacia la modernidad, el conferenciante analizó cómo la razón intentó domesticar o limitar ese océano. Mientras Leibniz utilizaba su optimismo teológico para justificar los destrozos marinos como males necesarios para el orden global, Immanuel Kant asestó un serio aviso a los navegantes en su «Crítica de la razón pura». Kant comparó el territorio de la metafísica con un océano ancho y borrascoso, patria de la ilusión y los hielos engañosos, aconsejando a la humanidad contentarse con la tierra firme de la experiencia sensible.

Esa prohibición kantiana provocó la rebelión de los jóvenes románticos. Apoyándose en proyecciones visuales, Barrios Casares analizó de forma magistral la pintura de Caspar David Friedrich, deteniéndose especialmente en «Monje frente al mar» (1810). Explicó cómo la inmensidad del lienzo, que provocó en su época la exclamación de que «nos cortaba los párpados», plasmaba plásticamente la angustia del ser humano ante el infinito, buscando una experiencia estética de lo sublime que la razón pura le negaba.

Uno de los momentos más esperados del discurso llegó con las menciones del nuevo académico a la figura de Friedrich Nietzsche por el extraordinario conocimiento que el Sr. Barrios Casares posee sobre el pensador alemán y su giro antimetafísico en La gaya ciencia. Para Nietzsche, el hecho de que nuestro conocimiento tenga límites no es una condena al enclaustramiento, sino una liberación: el horizonte vuelve a estar despejado y «nuestro mar vuelve a estar abierto». Desaparecidas las certezas absolutas, el mundo se vuelve infinito en un sentido pluralista, abierto a infinitas interpretaciones y travesías.

Barrios Casares aprovechó este punto para marcar distancias con las derivas autoritarias de Carl Schmitt y su nostalgia por lo que él llamó «nomos de la tierra» de fronteras cerradas, contraponiéndolo al espíritu liberal, marítimo y deliberativo («mar abierto, infinito») que, curiosamente, ya defendieron las Cortes de Cádiz en la Isla de León en 1810.

El tramo final de la conferencia conectó este legado con las problemáticas del siglo XXI, citando la «modernidad líquida» de Zygmunt Bauman y la necesidad de una orientación en el naufragio constitutivo de la existencia, tal como enseñara Ortega y Gasset («La vida humana es, constitutivamente, naufragio»). El recipiendario abogó por el desarrollo de las llamadas «humanidades azules»,una nueva conciencia poética, ecológica y estratégica del agua en la era del antropoceno.

«La filosofía no está para darnos respuestas definitivas, sino para enseñarnos a existir en los interrogantes», concluyó Barrios Casares, recordando que cuando una navegación parece concluir, siempre comienza, como quería Sócrates, una segunda navegación en un mar de conjeturas «y búsqueda de un mejor modo de vivir aún a sabiendas de que seguramente, no lleguemos nunca a saber nada con absoluta certeza».

El discurso, cerrado con una prolongada ovación por parte de los asistentes, dio paso al momento cumbre de la ordenación académica. El público se puso en pie para la fórmula de juramento en la que el presidente de la Academia de San Romualdo, D. José Enrique de Benito Dorronzoro, le impuso a D. Manuel Barrios Casares la medalla de académico y le entregó el pergamino acreditativo.

El Sr. José Enrique de Benito reiteró la enhorabuena al nuevo miembro por su extraordinaria lección magistral y por el valor que añade a la institución su incorporación.

El acto íntegro puede visionarse en el canal oficial de la Academia en la plataforma YouTube. Se adjunta además una galería fotográfica.

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