D. Augusto Ferrer-Dalmau Nieto: "El artista debe buscar la belleza, pero también tiene que cumplir una función social"

La Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes cuenta desde este pasado martes 28 de enero con el honor de tener en su nómina de académicos al pintor catalán D. Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, considerado el mejor pintor español de temática militar actual. El artista estuvo presente en un acto organizado por la institución académica en el que tomó posesión de una plaza como académico correspondiente, recibiendo solemnemente la medalla de San Romualdo y el diploma acreditativo de su nueva condición, de manos del presidente de la Academia, D. José Enrique de Benito Dorronzoro.

Previamente a ello, D. Augusto Ferrer-Dalmau Nieto ofreció su discurso de ingreso titulado ‘El arte al servicio de la historia’, ante un auditorio cercano a las trescientas personas, que en esta ocasión fue el salón del Museo Naval de San Fernando en lugar del habitual Centro de Congresos. El motivo fue la presencia en este espacio museológico del cuadro original del pintor y académico titulado ‘Mi bandera’, que tiene este museo como lugar expositivo desde que el Gobierno de Extremadura donara esta obra a la Infantería de Marina en un solemne acto que tuvo lugar en el año 2018.  La obra de Ferrer-Dalmau donada representa la disciplina, el arrojo y la valentía demostrados por el granadero Martín Álvarez durante la defensa de la bandera del navío «San Nicolás de Bari», en la Batalla del Cabo San Vicente, el 14 de febrero de 1797, cuando toda la dotación del buque había perecido o yacía malherida.

D. Augusto Ferrer-Dalmau Nieto fue presentado por D. Juan Antonio Lobato García, académico vocal de Artes de la Academia de San Romualdo. En sus palabras, Lobato definió al pintor como «español por encima de todo. Las obras de Dalmau nos toca la fibra sensible y la pintura española necesitaba un pintor como él».

En este sentido, el presentador prolongó esta necesidad «a la sociedad española, ahora más que nunca», en referencia a la necesidad de inmortalizar los momentos que durante siglos labraron el futuro de la patria española en las batallas acaecidas a lo largo de la historia.

Lobato afirmó que Dalmau practica «un rigor documental como nadie lo ha hecho hasta ahora» y lo hace, además de por las fuentes adecuadas, «mojándose, en primera línea de fuego», en referencia a los lugares que el pintor ha visitado para captar la realidad bélica en sus lienzos, como así ha sido en Afganistán, donde acompañó a expediciones de soldados en sus misiones «como uno más en el propio campo de operaciones, tomando apuntes en tierra hostil, compartiendo las sensaciones con los soldados».

D. Juan Antonio Lobato quiso agradecer la mediación de la doctora en Historia Dª María Fidalgo Casares y el coronel intendente de la Armada D. Fernando de Arnáiz Núñez para que la presencia y el nombramiento como académico de D. Augusto Ferrer-Dalmau haya sido una realidad, así como las facilidades dadas por D. Fernando Belizón Rodríguez, director del Museo Naval, para que el acto tuviera como marco este destacado enclave.

El presentador manifestó la importancia de dar valor a las obras de esta índole, aseverando que «no se debería olvidar nunca que al analizar gestas como la de la Rendición de Breda  de Velázquez, La carga de los mamelucos o Los fusilamientos del 3 de mayo, todo el mundo entiende, a través de esas pinturas, lo que sucedió entonces».  Negó que esto fuera hacer apología de la guerra, «sino mostrar la historia de España en la que la guerra, como en todas las partes del mundo, ha configurado una parte importante de su pasado».

Tras indicar que con estas pinturas se enriquece la iconografía histórica de España, advirtió que «Dalmau no entra a analizar la justificación de la guerra; no entra en si el ideal por el que se lucha es justo o no. Se fija en los protagonistas de las batallas, por eso es el ‘pintor de batallas».

La intervención del Sr. Lobato finalizó con la proyección de un documental dedicado a D. Augusto Ferrer-Dalmau Nieto emitido en su día por TVE en su programa Informe Semanal dedicado a su obra.

Posteriormente, el artista tomó la palabra para pronunciar su disertación. Tras agradecer a la Academia de San Romualdo su nombramiento y las palabras de su presentación, indicó que su discurso se basaría en tres aspectos principales:  su experiencia personal, su motivación y las técnicas empleadas como pintor enfocado en gran medida a hechos históricos. 

«Pintor de batallas’ es el apodo que me dedicó mi gran amigo Arturo Pérez Reverte», apostilló. El escritor ha colaborado estrechamente con el pintor a la hora de plasmar en sus lienzos momentos bélicos de la historia de España. 

«El artista, sin duda, debe buscar la belleza, pero también tiene que cumplir una función social», aseveró Dalmau, explicando que ésta es «la que le dicta su conciencia, y en mi caso, mi compromiso con mis semejantes y con España».

Definió la historia de España como «apasionante, que nos une a todos», y lamentó haber vivido en Cataluña la creación de un relato histórico «día día contra la realidad de los hechos», aseguró que con el objetivo de instaurar en la mente de la ciudadanía y especialmente de las nuevas generaciones «un referente identitario contrapuesto al resto de los ciudadanos de nuestro país, al sentimiento solidario del resto de los españoles». 

Afirmó que Cataluña «es una tierra profundamente hispana, desde mucho antes de su configuración cultural, territorial y política; somos un pueblo comprometido desde siempre con la unidad, que articuló la corona de Aragón e impulsó la unión de Castilla con los demás pueblos de España para construir nuestra nación común». Lamentó también el pintor la «desnacionalización que sufre España, el desconocimiento de su historia» en el marco del país. 

Fueron estas ideas con las que el pintor quiso justificar su concreta «función social», afirmando que «la que he elegido y para la que saco fuerzas es contribuir a la recuperación de la conciencia de nuestra historia, de nuestro lugar en el mundo. Esa es mi batalla, la que quiero contar. Y lo hago rescatando y recreando hechos de la historia de España, nación clave en la historia universal».

Tras estas reflexiones, Dalmau entró en sus características como pintor, técnica y método. Se definió como «realista, me gusta dejar visible la imagen del pincel, del trazo, más que buscar una imagen  fotográfica». 

Autor totalmente autodidacta, afirmó no haber estudiado jamás pintura ni dibujo. Posee pintores franceses de cabecera del siglo XIX o el español contemporáneo Antonio López. Admitió una clara influencia del modernismo catalán en su paleta de colores, de los maestros Ramón Casas o Santiago Ruiseñor… «Colores apagados, poco estridentes, soy incapaz de plasmar la luz de Sorolla por mucho que me guste, quizá sea por mi retina, o la luz que percibo en Cataluña».

En el proceso de elaboración de sus obras describe tres fases: la documental, conociendo exactamente lo que va a pintar. El planteamiento del cuadro, con un bosquejo general, y la realización definitiva, primero con los fondos, el cielo y posteriormente el escenario, «que marcan la intensidad de las figuras”; siempre de izquierda y derecha ya que trabaja apoyando la mano en el lienzo, dejando terminada cada parte antes de empezar la siguiente, aunque son frecuentes las modificaciones y retoques de mejora que les hace a sus figuras.

Finalmente, Dalmau dijo que «lo importante es ser coherente con nuestros principios y compromisos. Hoy veo con enorme satisfacción como muchos jóvenes ponen en las pantallas de sus móviles escenas pintadas por mí, en las redes sociales… Es una gran herramiento para combatir la desidia y como homenaje a nuestros héroes pasados».

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